La Almudena

En el Día de la Almudena, patrona de la ciudad de Madrid, resulta muy oportuno hacer una breve reseña de nuestra catedral. Edificio que alberga la imagen de la Virgen, Santa María de la Almudena, y que lleva su nombre.

La Catedral de la Almudena es un edificio que tiene sus amantes y sus detractores, arquitectónicamente hablando. Es verdad que no pasa desapercibida por ocupar un enclave emblemático dentro de la cornisa de la ciudad. Situada al lado del Palacio Real, es obvio que su proporción con respecto a esta residencia palatina no es la más adecuada. La mezcla de estilos arquitectónicos es su seña de identidad. Y su relativa juventud la postula en una catedral que inspira más de un punto de vista.

 

Proyecto y construcción 

En 1879 se realizan los primeros planos (Arquitecto Francisco de Cubas) de un panteón para la reina María de la Mercedes ya fallecida. Y en 1885 nace el Obispado de Madrid-Alcalá que da lugar a que el proyecto de iglesia se trasforme en catedral. Cubas había planteado un proyecto grandioso por sus dimensiones, con estilo neogótico florido francés y orientación Norte- Sur, al contrario de las catedrales tradicionales cuya orientación es este- oeste. Esto se debe a que es concebida como parte del conjunto del Palacio Real.

Así, su fachada principal mira hacia la fachada sur del Palacio. Dicha fachada presentaría dos pares de torres que flanquearían el gran pórtico de entrada formado por tres puertas góticas sobre las que iban ventanas, un rosetón y una galería de reyes. Incluía una gran cripta neorrománica, que fue el lo que fundamentó la construcción definitiva. El dinero recaudado para este templo era escaso y las obras se dilataron en el tiempo.

En 1899 fallece el marqués de Cubas. Varios arquitectos Miguel Olabarría, Enrique Mª Repullés y Juan Moya suceden en la dirección de obra a su autor. La cripta se termina en 1911. Y, como decíamos, los plazos se prolongan. La guerra civil supuso un parón en la construcción. Después de la contienda, se retoma pero con recursos insuficientes. Además, se empiezan a replantear los criterios estéticos de este proyecto, se dice que una catedral neogótica iba a contrastar en exceso con el entorno.

 

UN S. XX de cambios

En 1944 la Dirección General de Bellas Artes convoca un concurso nacional para dar una solución arquitectónica. Fernando Chueca Goitia y Carlos Sidro son los ganadores. Cambian el proyecto inicial y obtienen, además, el  Premio Nacional de Arquitectura de ese mismo año. En 1950 se reiniciaron las obras, terminándose en 1993. El resultado es la actual catedral que todos conocemos.

Personalmente yo habría apostado por  la idea primera. Una catedral monumental, que contrasta con el entorno. Un edificio bello y llamativo. Un hito arquitectónico dentro de la ciudad que a nadie le habría dejado indiferente. El actual, se ha simplificado tanto que llega a resultar anodino. Esto es una opinión, para gustos…