El Mercado Maravillas es uno de los más grandes de Madrid. Ahora que está tan de moda la revitalización de los mercados, como lugares donde no solo donde la gente va a para abastecer sus necesidades primarias, sino como sitios de encuentro, hoy echamos la vista atrás para conocer uno de los mercados con más solera de la ciudad. Recibe este nombre porque se levantó sobre el solar donde estuvo el Colegio de Nuestra Señora de las Maravillas.

Antes del colegio, en ese mismo solar situado en la calle Bravo Murillo 106, hubo una fábrica de papeles pintados que perteneció a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, fundándose así un Noviciado de advocación mariana. El colegio impartió sus primeras clases en 1892 heredando el solar del Noviciado y el nombre de la fábrica. Estuvo activo hasta 1931, cuando sufrió un incendio que lo destruyó.

El sello de Pedro Muguruza

Dos años después, el alcalde de Madrid, Pedro Rico López, encargó al famoso arquitecto madrileño Pedro Muguruza la construcción de un mercado. Muguruza era el prestigioso impulsor de edificios como el Palacio de la Prensa de la Gran Vía o la estación del Norte de ferrocarril. El lugar era el idóneo dado el momento de esplendor que vivía Madrid, justo en el barrio de Cuatro Caminos.

Aunque comenzó a construirse en 1933 no se terminó hasta pasada la Guerra Civil. Fue en 1942 cuando quedó inaugurado oficialmente. Desde entonces ha permanecido abierto siendo uno de los referentes en cuanto a mercado se refiere, de esta ciudad. Con él se inicia una nueva morfología de construcción. De dos plantas, destina la baja a usos comunes de carga y descarga de mercancías, recogidas de basura, almacenes, etc. En la segunda es donde se alojan los puestos comerciales.

Originariamente había una gran escalera en el hall de entrada de trazado palaciego. La planta baja es de hormigón armado. Y la planta primera cuenta con pilares de acero. La fachada principal en la calle Bravo Murillo es de ladrillo visto colocado a hueso con una marquesina en voladizo de hormigón armado. La cubierta en forma de diente de sierra con ventanales acristalados permite que la luz penetre en el interior aportando un ambiente cenital. Actualmente, el edificio está catalogado con un nivel de protección de 3, según el Plan General de Ordenación Urbana.