Con más de 150 años de historia, El Riojano es uno de esos locales madrileños que atrapan a los viandantes por su escaparate. Y es que la fachada de esta confitería situada en la calle Mayor llama la atención. Sus estrechas vitrinas de madera repletas de dulces son un reclamo para los estímulos de la vista, el gusto y el olfato. Nada más entrar, el visitante se deleitará con los estucados del techo, las lámparas y los apliques isabelinos.

Para conocer algo más de El Riojano hay que retroceder en la historia. Fue fundada en 1855 por el pastelero personal de la reina María Cristina, llamado Dámaso Daza y original de La Rioja. Su fundador no tuvo descendencia por lo que el negocio pasó a manos de sus maestros pasteleros. Han pasado siete generaciones desde entonces. Y de aquella época hasta hoy se han mantenido los mostradores y las vitrinas. Fueron contruidos por los ebanistas de palacio. La caoba procedía de Cuba y los mármoles de Carrara.

Pasado y presente

En los años cincuenta del S. XX se cambiaron los suelos de madera por mármoles de primera calidad.  Aún se conserva el horno primigenio de leña, al igual que la caja registradora y la báscula. Dámaso Daza dispuso un par de mesas para sus clientes más selectos. Una evolución del mismo espacio fue, más de un siglo después, el coqueto salón de té con mesas para poder disfrutar in situ de los manjares de El Riojano.

Disfrutar de este local histórico es un privilegio. Pero lo es más degustar sus deliciosos dulces. El visitante puede encontrar desde pastas de té hasta las especialidades de cada temporada. Roscones de reyes, panecillos de San Antón, rosquillas del santo, buñuelos de viento, polvorones… Y ahora que estamos en Semana Santa, imprescindibles sus torrijas y las monas de pascua.