Durante varios siglos, la mayoría de las casas de Madrid tenían solo un piso, menos las de la Plaza Mayor. Se llamarían casas a la malicia. Os lo contamos. El origen de este hecho parte del traslado de la Corte de Valladolid a Madrid. La razón es que no había espacio suficiente para albergar al séquito que acompañaba a la Familia Real compuesto por embajadores, servidores, funcionarios, etc.

Será Felipe II quien establecerá la ley de la Regalía del Aposento. Su lectura era la que sigue: los propietarios de las casas de la villa que dispongan de más de un piso cederán las demás plantas de manera gratuita a los miembros de la Corte. La consecuencia es que a partir de ese momento, la construcción de casas será de un solo piso. Evitando la ocasión se evitaba el peligro.

De cómo evadir impuestos

Estas casas fueron llamadas “de incómoda repartición” y la picaresca madrileña las rebautizó como “casas a la malicia” ya que era una forma “maliciosa” de evadir un impuesto. En realidad, muchas de ellas disponían de más plantas solo que se camuflaban en caso de inspección. La excusa que se alegaba era que las plantas bajas eran establos y la superior vivienda.

Se calcula que a principios del S. XVI había en Madrid alrededor de 1000 casas a la malicia. Una cifra que acarreaba una superpoblación dentro de un espacio delimitado por una cerca. Porque recordemos que Madrid en aquel momento estaba delimitado por la muralla ¿os lo imagináis?