El espacio cultural de Conde Duque tal cual lo conocemos hoy fue en sus orígenes un centro militar. Fue exactamente hace 300 años cuando empezó a construirse bajo las órdenes de la dinastía de los Borbones. Felipe V fue quien en 1717 mandó construir al arquitecto Pedro Ribera este espacio con claras influencias francesas. Sería una construcción militar totalmente novedosa a ojos de la tradición española.

Cumplía con un doble objetivo: representar una de las primeras exhibiciones de fortaleza y dignidad de la nueva monarquía en Madrid, además de reflejar el primer paso hacia la renovación del ejército español que lo convertiría en una entidad más centralizada. El arquitecto siguió las pautas de funcionalidad y racionalidad ordenadas por Felipe V sin dejar de lado la estética propia del barroco madrileño.

De cuartel a centro cultural

El resultado presentaba una inteligente y moderna distribución de los espacios en función de los usos. Tenía una capacidad para 400 caballos y 600 soldados. La imponente fachada resaltaba el poder monárquico mediante un conjunto de guirnaldas, trofeos y símbolos militares cuyo remate era el escudo de la Corona donde se incluían los emblemas borbónicos.

El Cuartel de Conde Duque fue el principal cuartel de la capital durante décadas sobreviviendo a la ocupación francesa durante de la Guerra de la Independencia. A finales del S. XIX amplió sus funcionalidades convirtiéndose en Colegio General Militar y en Academia de Matemáticas. Desafortunadamente, el cuartel sufrió dos incendios en 1858 y 1869 que lo dejaron reducido a los cimientos.

Pese a que fue reconstruido y mantuvo su uso durante años la vida del cuartel entró en declive. En la Guerra Civil se convirtió en checa y más tarde en sede de la Guardia Mora de Franco. El deterioro paulatino hizo pensar en su demolición pero en 1969 el Ayuntamiento de Madrid decidió instalar allí oficinas, dependencias públicas, biblioteca y archivos municipales regalándole una nueva vida.

Para ello se hizo necesario un proyecto de remodelación que le devolviera su traza original. Un trabajo que llevó a cabo Julio Cano Lasso en 1981 y que le convertiría en un centro cultural. El impulso definitivo fue en 2005 cuando se aprobó el Plan Director que habilitó la renovación integral del edificio y lo transformó siendo un referente de la cultura madrileña.