Antes de que Madrid Río existiese, mucho antes, concretamente en 1932, existieron las Piscinas La Isla, a la altura del Puente del Rey. Hoy forman parte del patrimonio de la arquitectura perdida madrileña. Fue un proyecto innovador que se enmarcaba dentro del Plan General de Ordenación Urbana de 1930. Y que traería muchas mejoras para el río Manzanares que estaba canalizado desde principios del S. XX.

Combatir el calor madrileño en la época estival nunca fue fácil. Este edificio arquitectónico diseñado por Luis Gutiérrez Soto vino a calmar el deseo eterno de la capital de disfrutar de algo similar al mar. Soto se inspiró en el Club Náutico de San Sebastián construido un año antes. La idea era imitar un duque varado con su proa y su popa, sus babor y estribor, al más puro estilo marinero.

Un barco en medio de un río

El solar elegido no podía ser más apropiado. La canalización del río había dejado una isla en el centro, un pequeño terreno de forma alargada. Fue aquí donde se levantó una de las obras más significativas de la arquitectura racionalista madrileña. El  navío se orientó río abajo y a él se accedía a través de dos pasarelas. La obra fue realizada con una rapidez nunca antes vista.

El resultado fue un barco con sus piscinas y una cubierta en el interior. La piscina de proa era de forma irregular, mientras que la piscina de popa era más grade y rectangular con una zona ajardinada, lo que hacía las delicias de las familias. Además de las piscinas, “el barco” alojaba un gimnasio, salas de fiestas, un restaurante, un solarium… Una verdadera alternativa para combatir el verano. Su localización, muy próximo a la Casa de Campo, lo convertía en doblemente atractivo ya que esta privilegiada zona verde se abrió al público por primera vez justo al mismo tiempo, dejando de ser propiedad privada del Rey.

La Guerra Civil pasó factura a esta prodigiosa construcción. Un obús destruyó gran parte del puente de mandos. Sin embargo, fue reconstruido volviendo a funcionar después de la contienda. En 1947 unas fuertes lluvias causaron que el río Manzanares se desbordara provocando daños cuantiosos por el hundimiento de la isla. De nuevo, volvió a abrir sus puertas hasta 1954 que cerró definitivamente.