La torre de Valencia es uno de los mejores ejemplos de arquitectura del tardofranquismo en Madrid. Desde su construcción estuvo rodeada de polémica. Ubicada en la calle Menéndez Pelayo con O’Donnell, sus opositores alegaban que ensombrecía la vista que se tenía de la Puerta de Alcalá y del monumento a Alfonso XII del Retiro. Lo que sí es un hecho es que en la época del desarrollismo se tuvo poco en cuenta el entorno, en cuanto a arquitectura se refiere.

El solar era una antigua caserna de bomberos que el ayuntamiento vendió en subasta con máxima eficabilidad. Pese a las críticas, el trabajo de Javier Carvajal resultó ser un rascacielos con un diseño muy original con unos interiores muy cuidados. Con 94 metros de altura y 28 plantas fue proyectado con fines residenciales en 1968. Y se construyó, finalmente, entre 1970 y 1973.

Un rascacielos con historia

La Torre de Valencia se llama así en recuerdo al origen levantino de los promotores de la obra. Lo cierto es que todos los pisos con vistas al Retiro se vendieron en muy poco margen de tiempo, lo que le presupone un éxito promocional, finalmente. Y es que los rascacielos, en esos momentos, eran considerados viviendas de lujo por lo que suponía el disfrute de un horizonte visual inalcanzable al resto de edificios.

Respecto a sus características arquitectónicas, hay que decir que el trazado de las líneas que determinan su silueta no sigue la alineación de la trama urbana. A partir de la tercera planta, la torre se quiebra y se gira hacia el sur con el objetivo de que las viviendas tengan vistas hacia el Retiro. Una peculiaridad: la horizontalidad de sus terrazas corridas contrasta con los paños ciegos verticales orientados al oeste.