En la actualidad hay cuatro casas de baños en Madrid pero en otros tiempos hubo hasta doce. Eran los años en los que Madrid crecía sin parar y la habitabilidad de las viviendas no era la más aconsejable. La mayoría de ellas carecían de baño, como lo conocemos hoy. Algunas disponían de escusado o retrete y las que lo tenían lo compartían con otros vecinos en corredores o zonas comunes de los edificios. Por eso empezaron a proliferar sitios ad hoc para la higiene personal. Hoy os contamos la historia de las casas de baños de Madrid.

Algunos documentos acreditan la existencia de baños árabes. Según Manuel Montero Vallejo se encontraban junto al barranco por donde entonces discurría el arroyo de San Pedro (lo que hoy conocemos como calle Segovia). Parece que permanecieron hasta los siglos XIII y XIV. Aunque con la llegada de los cristianos en el S. XI la costumbre del baño dejó de tener buena prensa.

El auge de las casas de baños

Serán las corrientes higienistas de la primera mitad del S. XIX las que promueven, de nuevo, la necesidad de mantener unas condiciones de salubridad mínimas. Entre las que se encuentran el agua corriente, la instalación de cloacas, la iluminación en las ciudades. Todo ello medidas para mejorar la higiene personal y, por ende, la salud de la población. No será hasta principios del S. XX cuando proliferen las casas de baños, como espacios públicos para tomar baños de agua caliente. Darse un baño era un lujo, así que se tomaba no solo por higiene sino también como forma de ocio.

Fernández de los Ríos recoge en 1876 en su “Guía de Madrid” que en ese momento se contaban hasta doce baños públicos en la ciudad, una cantidad insuficiente, si tenemos en cuenta que la población de Madrid rondaba los 400.000 habitantes y que, como se ha dicho, las casas particulares carecían de este servicio.  Hoy contamos con cuatro de esas casas de baños originarias, con transformaciones, claro está. Situadas en Tetuán, Embajadores, La Latina y La Guindalera.

La de Tetuán, se construyó en los años treinta. La más moderna es la de Latina, que es de 1969, que se ubicó en los bajos del Mercado de la Cebada. La del Portillo de Embajadores, obra del arquitecto municipal José Lorite, tenía una planta con azotea, el zaguán contaba con dos taquillas (para hombres y mujeres) y dos salas de espera. La de la Guindalera, construida en la República duró hasta los años ochenta del siglo pasado. Hoy solo permanecen la Casa de Baños de la Glorieta de Embajadores y la de la calle Bravo Murillo.