Tal día como hoy que celebramos nuestra Constitución no podíamos dejar de pasar el edificio del Congreso de los Diputados, la Cámara baja que representa a todos los ciudadanos españoles. Hoy nos detenemos en este emblemático edificio cuyo origen se remonta a 1843, momento en que la reina Isabel II pone la primera piedra. Ubicado en el solar de lo que antes fue el convento del Espíritu Santo y que ahora se conoce como plaza de las Cortes abrió sus puertas siete años después. Una plaza coronada por los leones más fotografiados de la historia de Madrid.

El proyecto lo llevó a cabo Narciso Pascual y Colomer. Su obra al completo fue publicada como “Memoria histórica descriptiva” por la Comisión de Gobierno Interior en 1854. Toda la documentación sobre su construcción se conserva en el Archivo de la Cámara en las series de Obras de Palacio y Gobierno Interior.

La huella de Ponciano Ponzano

De estilo neoclásico consta de una fachada principal y de un pórtico compuesto por seis grandes columnas corintias que sirven de base a un frontispicio. En él se encuentra un bajorrelieve de Ponciano Ponzano, escultor, también, de los famosos leones que coronan la escalinata de entrada. La gran puerta de entrada de bronce es por la que accede el Rey y el pueblo en las Jornadas de Puertas Abiertas.

Pero fijémonos en los leones, símbolos por antonomasia de esta ciudad. En un principio no estaban en los planos de Pascual y Colomer. En el diseño original se contemplaban dos grandes farolas que, al parecer, no fueron del agrado de los parlamentarios y hubo que buscar una alternativa con carácter de urgencia. Se le encargó al escultor del frontispicio que hiciera dos estatuas.

La mala situación económica obligó al artista a construir los leones en yeso, que después los pintó simulando el bronce. Pero al año, las condiciones climatológicas los habían deteriorado tanto que se encargaron de nuevo en un material más duradero. En esta ocasión fue José Bellver quien se encargó de diseñar dos leones de piedra. El acabado no satisfizo a nadie y de nuevo fueron retirados.

No fue hasta la incautación de dos cañones en la Guerra de Marruecos cuando se pudo dar una tercera oportunidad. Con el bronce de estos cañones como materia prima se pidió, de nuevo, a Ponzano que fuera el artífice de los leones que han llegado a nuestros días. Se fundieron en Sevilla en 1866 y son conocidos como los héroes de la Guerra de la Independencia Daoíz y Velarde.